
Salvó así la piel, ocultándose de sí mismo entre los suyos, y de los suyos entre las filas del adversario, disfrazándose un día de lo que ya no era y al día siguiente de lo que quería ser, siéndose al fingir y fingiéndose al ser, pero perdió en el trance la frescura y la franqueza. Quedó para siempre en él un algo de flor, pero de flor cortada; y un algo de cuchillo, aunque de cuchillo romo. Quedó algo en él de sombra y de pozo, de frío y de muerte. Quedó él, como la flor de un cuchillo, la sombra del frío, el pozo de la muerte.
El husmo.Pedro García Olivo

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(...) Trató, durante demasiado tiempo, de evidenciar a los demás quién era y quién no era, dónde hallaba su Cielo y dónde su Infierno. Y procuró convencerlos, alternativamente, de identidades tan opuestas como la noche y el día, el placer y el dolor, la amistad y el odio, porque en ello le iba la vida -o así lo creía.
Late, sin duda, el corazón sosegado del día en el pecho tumultuoso de la noche, dormita el dolor en la vigilia del placer y aún crece una brizna de amistad en el erial inhóspito del odio... Pero él, movido por su lealtad a la Causa o por el aguijón inconfesable del miedo, nada quiso saber de esa inquietante presencia del mal en el bien, de la paz en la guerra, y, exacerbando los antagonismos como un amante desquiciado del absoluto y de la pureza, dijo ser, a unos, Día y Placer y Amistad, y, a otros, a los enemigos de toda luz, corruptores de la esperanza, Noche y Dolor y Odio.
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